Crónica de una semana en Venezuela (Febrero 2018)

Día 1

He llegado bien al aeropuerto de Maiquetía, todo muy rápido, muy poca gente en el ingreso al país. El Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, de Caracas, en realidad se encuentra en el vecino Estado Vargas, a unos 20 km de la ciudad, frente al mar, en un sector llamado “Maiquetía”.

Poco que resaltar, es de noche y estoy cansado. Lo que no dejo de pensar es cuán desagradable es llegar a Caracas y tener los ojitos esos de Chávez viéndote por todos lados. Para quiénes no lo sepan, desde que murió Hugo Chávez, una especie de “arte” que refleja sus ojos en un dibujo, está reproducido por todos lados. Es un recordatorio mortuorio que te dice constantemente, “no te equivoques, Chávez te está vigilando”, puro orwellianismo criollo.

Los ojitos de Chávez (foto de wikipedia)
Día 2

Son casi las 7 am. Me impresiona notablemente el poco movimiento en las calles del centro de Caracas, parece un día festivo. Al menos un tercio de los negocios de por aquí en el centro, cerca de Quinta Crespo (uno de los principales mercados de la ciudad), están cerrados, yo creo que quebraron.

De momento solo he visto a una de mis tías. Visiblemente pesa la mitad de lo que pesaba hace 2 años  🙁

Día 3

Regresé al Estado Vargas, a «Catia La Mar», para reunirme con mis primos y poder darles el pésame por el fallecimiento de su madre. Es terrible ver cómo todos están super delgados en una casa donde casi todos solían estar gorditos.

Al salir de ahí, fui con mi hermano a recorrer un poco la costa del Estado Vargas. Tras pasar la ciudad de «La Guaira» me sorprendió ver que las caras de Chávez, ojitos y pintadas no son tan abundantes como en Caracas o Catia La Mar. La cara del gobernador y ex general “García Carneiro” cobra protagonismo. Lo primero que llama la atención es que hay numerosas construcciones para lo que parece ser el plan de crear un paseo marítimo. En algunos sitios vi plazas nuevas, parques y adornos. Hay una especie de plaza Bolívar nueva con un auditorio que quedó bastante bien, aunque el resto de construcciones para mi gusto son un poco mamarrachas (cutres), exagerados en los colores ¿Si lo están haciendo desde cero, por qué no pueden hacer algo de buen gusto?, bueno, supongo que peor es nada y para gustos los colores. La mayoría de las obras están a medio terminar, sectores de costa de unos 3km donde sólo hay 3 personas trabajando y un tractor rodando para «simular» que se hace algo.

Vi las bases de un nuevo estadio de béisbol para el equipo local los “Tiburones de la Guaira”. Se trata del prometido estadio “Carlos Café Martínez”. En esta obra se ve a 4 ó 5 personas que con mucho esfuerzo lograrán terminarla en unos 50 años. Mientras más avanzas te sobrecoge la innumerable cantidad de casas y edificios parcialmente en ruinas. Un aspecto «habanero» comienza a apoderarse de todo el sector. Cada dos por tres te tropiezas con cementerios de autobuses rojos con consignas socialistas, oxidándose, por falta de repuestos, falta de dinero o por simple desidia. Con la boca abierta veo que el nuevo transporte público de Vargas, está compuesto por camiones largos, de estos que llevan como una especie de container, donde la gente se sube como si fueran vacas que van al matadero, así como en una película de país bananero de mal gusto de los años 80.

Foto tomada de Diario de Las Américas

Varios de esos restaurantes que estaban en Macuto, donde tantas veces me comí una sopa de mariscos o unos calamares rebozados antes de subir a Caracas luego de un día de playa ahora están cerrados y sus edificios son ruinas. En pleno Macuto, donde antes estaba la residencia presidencial de “La Guzmania”, sigue habiendo un puente de guerra improvisado, improvisado hace unos 18 años para salir del paso del deslave de Vargas.

No pude dejar de notar similitudes entre la costa de Vargas y la costa de Rumanía que visité el verano pasado, en ambas se nota la presencia de un pasado más o menos esplendoroso que el huracán del comunismo se llevó por delante.

Les debo las fotos. Es mi segundo día en Venezuela y me aterroriza sacar el celular para tomar fotos.

Día 4

Para que se hagan una idea de las historias, Caracas, al igual que muchas otras ciudades del mundo, se divide en sectores, con un amplio cinturón de viviendas desfavorecidas rodeando casi toda la ciudad. Por lo general en el este de la ciudad vive gente con mejores recursos que en el oeste (así como ocurre con Bogotá (norte pudiente, sur pobre) o en Madrid (norte pudiente, sur pobre), aunque en esta última las diferencias no sean tan notorias.

Tuve la oportunidad de recorrer varios sectores del oeste de Caracas (yo nací y crecí en el centro/oeste de la ciudad). Para mi sorpresa no encontré la ciudad peor que hace dos años, tampoco mejor. Sigue estando igual. Las calles están repletas de huecos, los mismos edificios que comenzaban a mostrar un aspecto ruinosos hace 2 años siguen estando igual a día de hoy. Vi bastantes tiendas cerradas, de esas que pareciera que no volverán a abrir nunca más.

Temprano fui a visitar a unas tías que viven en el popular sector de Catia en el oeste de Caracas. Allí vi por primera vez en mi vida una caja CLAP, las cajas con comida que vende el gobierno para combatir la supuesta “guerra económica”. Sinceramente pensé que traía menos cosas, obviamente no es suficiente para que una familia de dos o tres coma bien durante todo un mes, pero sí que ante la actual crisis, esa caja es responsable de que muchos en Venezuela no se hayan muerto de hambre. En familias más numerosas no quiero ni siquiera imaginar cuál puede ser la situación. En la caja no hay proteínas más allá de las que dan los granos. Todos los productos son mexicanos y la apertura de la caja vino acompañada de los insistentes rumores que dicen que “esa leche mexicana es tóxica». Personalmente no creo que esos rumores sean ciertos. Dentro de una caja CLAP podemos encontrar 2 kilos de arroz, 2 kilos de pasta, 2 kilos de harina de trigo, 2 kilos de harina de maíz, 1 kilo de lentejas, 1 kilo de frijoles, 1 kilo leche en polvo, 1 kilo azúcar y 1 litro de aceite de soja. Según me dijeron mis familiares, el contenido puede variar. Una caja CLAP cuesta alrededor de 30.000 Bs (precio para febrero de 2018).

Caja de Clap

Para seguir con el resto de la historia debo aclarar a cuánto asciende el salario mínimo en Venezuela y cuánto gana más o menos alguien en un cargo de supervisor. Tras el aumento anunciado el 1 de marzo de 2018, el sueldo mínimo pasa a ser de 395.546 Bs mensuales (1,82 $ al mes a tasa de mercado negro) con un bono de alimentación en cesta tickets (tickets de comida, en España conocidos como ticket restaurant, como la marca Sodexo por ejemplo) de 915.000 Bs mensuales (4,22 $ al mes a tasa de mercado negro). Así mismo conozco a alguien con título universitario y más de 10 años de experiencia que trabaja como supervisor de planta en una fábrica y gana 2.100.000 Bs (9,69 $ al mes a tasa de mercado negro). (Valores para febrero de 2018)

Contenido del Clap

Al salir de casa de mis tías, intentamos poner gasolina, ¡otra calamidad!. Llenar el tanque de gasolina cuesta entre 50 y 90 Bs dependiendo del tamaño del vehículo o de si usas 91 ó 95 octanos. Casi nadie tiene dinero en efectivo, porque los cajeros automáticos dan un máximo de 8000 Bs diarios (he visto colas de unas 200 personas en cajeros para sacar esos 8000 Bs) (con 8000 Bs no compras ni un caramelo en un kiosko). En casi ninguna gasolinera aceptan billetes de denominación inferior a 100 Bs y en ninguna se puede pagar con tarjetas de débito o crédito. El precio de la gasolina ha llegado a un nivel tan ridículo, que para mi es mejor que dejen de cobrarla y la regalen. (Un litro de gasolina cuesta 6 Bs, es decir 0,000028 $). Con los 50€ que me cuesta llenar el tanque en Madrid, según mis cálculos podría poner gasolina en Venezuela durante unos 1.373 años.

Les dije a mis padres y a mi hermano que fuéramos a un restaurante al que hemos ido toda la vida que está ubicado en un sector de Caracas llamado “La Paz”, donde se come carne, un sitio que siempre fue un poco cutre pero dónde la carne siempre ha sido deliciosa. Tuve que convencerlos de ir porque se negaban rotundamente a pagar demasiado dinero por comer fuera, además del desánimo por la pérdida de nuestro familiar. Al entrar al restaurante fue alucinante ver el sitio completamente vacío (1 pm) durante toda la comida fuimos la única mesa que tuvo gente (el sitio tiene unas 50 mesas). La carta que antes era de 4 páginas ahora solo tiene una y te dicen que no hay chorizo, ni morcilla, ni arepitas, ni nata, ni queso (acompañantes típicos de un restaurante de carne venezolano). Vamos, solo hay carne, pollo y yuca.  La cuenta de un plato cada uno, 6 cervezas y una limonada para mi mamá fue de 3.100.000 Bs (3 sueldos mínimos si incluimos los cesta tickets y unos 9 sueldos mínimos si no los incluimos). La última vez que fuimos hace 2 años pagué 30.000 Bs y había un comensal más. La próxima vez que vuelva a Caracas seguro este restaurante ya no existirá.

Seguimos recorriendo las calles del oeste de la ciudad y me sorprendí de ver que muchas tiendas pequeñas y abastos estaban más o menos surtidos de comida, pero solo los buhoneros (vendedores callejeros ilegales) tienen los productos de primera necesidad que vienen en las CLAP (arroz, pastas, harinas de trigo o maíz, granos).  Decidí entonces caminar para enterarme de los precios. No hay absolutamente NADA de comida que cueste menos de 90.000 Bs, ni siquiera un coliflor, ni unas ramas de cilantro. NADA. Los buhoneros venden los paquetes de harina pan en 90.000 Bs. La harina pan es la mezcla de harina de maíz precocida con la que se hacen las arepas, comida básica de todos los hogares venezolanos.

Entré a un supermercado Unicasa (cadena importante de supermercados) que está en la esquina de Capuchinos en San Martín, sector popular del oeste de la ciudad. El supermercado es un chiste de mal gusto. Pareciera que está lleno, pero me parece que dentro no hay más de 25 productos diferentes, dos estanterías repletas a lo largo de solo refrescos de 2 litros que cuestan cada uno 140 mil Bs. Dentro del súper una cola serpentea para comprar una panela de jabón marca “las llaves”, de esos que se usan para lavar ropa a mano, a 70 mil Bs la unidad. No hay ni granos, ni pasta, ni arroz, ni azúcar, ni harina, ni papel higiénico, ni pasta dental, ni atún, ni sardinas.  Casi no hay nada. En la sección de cosas frescas, vi potes de margarina en 200 mil. Un cartón de huevos 800 mil (casi un sueldo mínimo). Un trozo de queso blanco del tamaño de un puño, 400 mil.

Me cuentan que los supermercados del este de Caracas están mucho mejor surtidos pero que estos precios que menciono no tienen comparación con los que puedas encontrar en un Excelsior Gamma o en Plan Suarez. (otras cadenas de supermercados que son más lujosas)

En las mañanas frente a las panaderías que tienen pan (sí, hay que preguntar en la panadería si hay pan) se forman largas colas para comprar canillas o baguettes. Una canilla vale 10 mil Bs. Eso es lo que come alguien que no tiene acceso a una caja Clap. Pan con pan.

Los jubilados no cobran cesta tickets, parecen condenados a morirse de hambre, para compensar, reciben 100.000 Bs adicionales en algo que los chavistas han denominado “el bono de guerra económica”.  

Día 5

Una de las cosas que más me ha sorprendido de esta visita es la increíble disminución de vehículos en las calles de Caracas. Por la Avenida Baralt (una de las principales arterias del centro de Caracas), que antes era un completo caos vial causado por cientos y cientos de camionetas de pasajeros (minibuses), apenas si se ven unidades circulando. Supongo que es una mezcla de falta de repuestos, falta de dinero para repuestos y el hecho de que trabajar el transporte público privado a precios tan regulados no deja ninguna rentabilidad.

Exploré por primera vez más allá de Plaza Venezuela (Plaza Venezuela es el centro geográfico de Caracas, que divide la ciudad en este y oeste), hacia el este de la ciudad. Es increíble atravesar Caracas por la autopista Francisco Fajardo y que no haya cola. El tráfico fluye de maravilla, aunque todavía hay bastantes motos circulando, ya no son los cientos de miles de molestas motos que circulaban y aterrorizaban a los conductores. Desde la autopista se pueden ver numerosas grúas de construcción que parecieran fabricar edificios hacia la zona de Las Mercedes (zona de la ciudad donde ser concentraba gran cantidad de restaurantes y clubes nocturnos). ¿Todavía parece haber gente que piensa que esto se acabará pronto?, ¿o será que simplemente están lavando dinero?.

La autopista parece estar en buen estado, bien pintada. Yendo hacia La Trinidad sí que veo cómo hay monte creciendo en los bordillos, pero nada más que resaltar. Ya en La Trinidad, el aspecto de la ciudad por estos lados es mucho mejor que por el oeste. Nuestro destino era visitar el supermercado “Plan Suarez” porque quería comprar Cheese Whiz o Rikesa para llevar a España (queso cheddar fundido). Para poder pagar un estacionamiento necesitábamos dinero en efectivo, así que decidimos recorrer al menos 10 cajeros de diferentes bancos. Imposible, no hay dinero en ningún cajero. Hurgando en los bolsillos y las carteras,  mis padres ven que tienen los 7000 Bs que hacía falta así que logramos estacionar. A mi padre le aterroriza dejar el carro en la calle porque “en un dos por tres te dejan sin batería y hasta sin aceite de motor”.

Tal como me habían dicho en días anteriores, este supermercado está muchísimo mejor surtido que los que había visto en las zonas del oeste. Dentro y fuera se ve a la gente cargando con varios potes de margarina marca “Mavesa”, al parecer es algo difícil de conseguir, afuera hay una larga cola de gente bajo el sol, luego nos explican que es que hasta hace un rato había harina pan, pero que aunque ya les han dicho que se acabó, la gente no se va de la cola.

¡Bingo! Hay Rikesa en la tienda, agarré dos potes, pero cada uno cuesta la módica suma de 676 mil Bs. 2 Rikesas = 1 sueldo mínimo con todo y cesta tickets..

Precios del papel higiénico

También encontramos papel higiénico. El paquete de dos rollos a un  precio de 266.649 Bs. Mi papá se sorprende y me dice que en octubre él mismo compró paquetes de rollos de esos a no más de 15 mil y que me lo puede probar cuando volvamos. En octubre compró el mismo paquete por 15.052 Bs, una inflación de 1771% en 5 meses.

Esto son 5 sueldos mínimos

 

 

 

Una compra de unos pocos artículos se convierte rápidamente en 5 sueldos mínimos. De verdad no quiero imaginarme qué rayos está comiendo la gente que no tiene a alguien que les envíe dinero de afuera o que tienen familias numerosas.

Por la tarde había hecho planes para verme en Altamira con un grupo de amigos de los valientes que todavía quedan en Caracas. Mis padres me dijeron que no usara el metro, que me fuera en el carro.  Yo me negué, les dije que no quería manejar en Caracas porque uno pierde la costumbre, pero insistieron en que el metro es muy peligroso, que roban mucho, que ahora nadie paga el metro, que desde hace unos meses todo el mundo se empezó a colear porque no tenían efectivo para pagar el boleto. El metro lo dejaron libre porque ni siquiera hay cartón para boletos y que el boleto de cartón es mucho más caro que la tarifa a pagar. Accedí.

Al ir manejando lo último que puedo resaltar es que los semáforos de Caracas ahora son meros adornos luminosos. En cualquier semáforo de día o de noche, en el este y el oeste, en Chacao, Baruta o Libertador (los tres municipios principales de Caracas), con o sin policía, la mitad de los carros se saltan la luz roja. Es el viejo oeste de la conducción.

Un par de motorizados en la autopista me recordaron a mi madre por cambiarme de canal cuando todavía estaban a unos 500 metros de distancia, justo recordatorio de que aunque haya menos cola, la conducción en Caracas es un caos solo para valientes.

Ya en altamira, la reunión se dió tan solo con una cheese cake y un jugo de frutas, suficiente para gastar casi un sueldo mínimo (sin cesta tickets) 320.000 Bs.

Día 6

Fui al mercado de Quinta Crespo porque quería ver el estado de suministro con mis propios ojos. De camino al mercado entré a la tienda “ovejita” en la Avenida Baralt, a diferencia de hace dos años la tienda estaba bien surtida, quise comprarme un par de franelas marca ovejita pero al final no lo hice, cada una 750 mil Bs, creo que ese dinero servirá mejor para comprar comida.

El mercado está más guarro y cochino que nunca pero está plenamente surtido. En un amplio recorrido vi que allí puedes comprar absolutamente todo lo que te haga falta, incluso los puestos de pescado, carne y pollo están repletos de comida, aunque por supuesto, todo a precios de locura. El kilo de carne está en 450 mil Bs (1/3 de salario mínimo). Lo único que no hay en ningún puesto es Harina Pan, pero es algo que sin duda puedes conseguir con los buhoneros (vendedores callejeros) de afuera a unos 90 mil Bs el paquete. El mercado vuelve a lucir más o menos cómo era antes, infinitamente mejor que cuando estuve hace dos años.

De regreso a casa, mi mamá me dijo que una vecina estaba ofreciendo un combo de 3 harinas, una pasta y un octavo de kilo de café por 430 mil Bs. Acordamos que lo mejor era comprarlo. Para ello solo era necesario transferir dinero a una cuenta del banco de Venezuela. Usar la página del banco es una odisea, casi todo el día la web está caída, así que la vecina nos dijo que bajaramos y lo hiciéramos en su casa porque allí sí funcionaba bien el internet.

Resulta que los de esa casa son «los chavistas del edificio», antes de bajar mi mamá me pidió que no les fuera a decir nada ni buscara pelea.

Resulta que la vecina es la «jefa de alimentación de los hogares de la patria del edificio» y su marido es «el líder poligonal de la comuna» (o algo así, me cuesta procesar la jerga chavista perrofláutica) en la que está adscrito nuestro edificio. La comuna había aprobado la comercialización del combo de comida y por eso lo estaban promocionando. Ellos también son los encargados de vender las cajas CLAP en el edificio, para lo que exigieron a todo el mundo sacarse el carnet de la patria. Mi  papá le dijo al tipo que se metiera su caja por el culo, que él no pensaba sacarse el carnet jamás, pero mi mamá sí que se lo sacó. En mi casa reciben esas cajas CLAP y mi mamá distribuye la comida a otra gente que la necesite.

En casa de «los chavistas» todo era muy surrealista, yo intentaba transferir el dinero en una laptop «canaima» de esas que el gobierno da a los estudiantes mientras ellos no paraban de hablar de lo mal que funcionaba el banco de Venezuela y de la locura de los precios de todo. El hombre nos dijo que «por eso es importante el carnet de la patria», porque «con el carnet todo será más fácil», el carnet será una especie de monedero virtual desde el cuál se van a pagar todas esas cosas de comida chavista. Me provocó gritarles que el banco de Venezuela no servía porque los chavistas eran unos ineptos y que cómo coño iban a administrar un monedero virtual con un carnet de mierda si no saben operar un banco, pero me contuve. Finalmente no pudimos transferir y nos fuimos, nos dieron oportunidad de pagarlo más tarde. Los chavistas del edificio parecen buena gente, lo que pasa es que viven en un mundo de fantasía, yo veo todo como si fuera Walking Dead y  ellos ven todo como si fuera Narnia.

Día 7

Hoy por la mañana fui al estadio Brígido Iriarte en el paraíso para ver un juego de fútbol del Caracas FC. El estado del estadio es una ruina total, fiel reflejo de la situación del país.

Estadio Brígido Iriarte

Al menos volví a ver a mi equipo y ganamos, pero es lamentable ver un partido en una cancha como esta.

Hoy también vi una propaganda del Kino Táchira, la lotería más grande del país.

El premio acumulado es de 1.550.000.000 Bs. ¿Saben cuánto es eso en euros? 5.800 €. En el pasado recuerdo que el premio rondaba el millón de dólares.

Por ahí pueden sacar el  grado de miseria en que está sumergido el país.

Día 9

Una semana después, ya me encuentro en la sala de embarque del aeropuerto de Maiquetía para emprender el regreso a Madrid.

Es insólito ver los pasillos del aeropuerto completamente vacíos. Sobre la “cromointerferencia de color aditivo” de Carlos Cruz Diez apenas si se desplazan personas, en su mayoría empleados del aeropuerto. El check-in en Iberia duró solo 2 minutos.

Afortunadamente la Guardia Nacional no se cebó conmigo y apenas si me molestaron. Lo normal es que una persona sola viajando a europa desde Caracas pase un largo rato de revisiones de la guardia nacional en busca de drogas.

Recorremos los desolados pasillos para ir a uno de los restaurantes que están en la parte de check-in del aeropuerto para tomar una cerveza y así hacer tiempo. Escena ya típica, restaurante completamente solo. Claro, cada cerveza cuesta 100.000 Bs (un cuarto de sueldo mínimo fuera de cesta tickets). Una cerveza sentado es un lujo que no mucha gente se puede permitir.

Luego de los abrazos y lágrimas de despedida, más escenas insólitas. En el chequeo de seguridad soy la única persona que está allí. De las diez o doce bandas para chequear maletas, solo funciona una. La empleada me comenta que esto cada día es peor, que casi nunca hay nadie, que aquí casi no vuelan aerolíneas.

Pasillos de Maiquetía vacíos

Los pasillos del área de embarque y duty free están tan vacíos que hasta da un poco de miedo transitarlos, en Venezuela soledad siempre es sinónimo de peligro. Solo el personal del aeropuerto camina por el aeropuerto.

Pasillos de Maiquetía vacíos
Feria de comidas del aeropuerto

La feria de comidas muestra una escena similar. «Hermano, esto está muy muy mal» me comenta la persona que me vendió un par de cachitos de jamón, últimos gramos de comida hecha en Venezuela que degustaré hasta quién sabe cuándo.

 

Baños del aeropuerto

Los baños de la feria de comida, muestran con todo esplendor el deterioro del aeropuerto. Por fuera parece lucir bien, por dentro se pudre lentamente… como el resto del país.

 

Ya listo para abordar, no me queda más que decir, hasta pronto querida y maltratada Venezuela. Me voy preocupado, me parece que lo verdaderamente feo apenas está comenzando.

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