¿Por qué recomendamos el único álbum de Dermis Tatu?

La violó, la mató, la picó, es el nombre del álbum en cuestión, nombre sacado literalmente de la crónica policial de un periódico caraqueño, el titulo denota la crudeza y lo desgarrador de este disco, una obra fundamental que sentaría las bases del rock que se hace en estos días en el país sur americano.

La idolatría de una generación de músicos que ve a Cayayo como el
guitarrista heroico y legendario que dejaría un legado tatuado en los corazones grises de esta nueva camada de músicos que tiene como referencia la música terrenal que nos dejó su ausencia.

Con canciones de un mensaje claro, banal, terrenal, sin pasar por el tamiz de la censura, siendo honesto en su atronador compas dado por una base rítmica única creada a partir de la sociedad primitiva del bajo de Héctor Castillo y de los cueros de Sebastián Araujo, como un camión de carreras, un monster truck, ruidoso pero entonado, que con cada acelerón hace
destacar la guitarra de Cayayo. Detalles exquisitos como el solo de saxofón en la canción Asco, el teclado sutil pero atmosférico que sirve de cama, a lo Manzarek, del tema corazón gris.

Un álbum estratosférico pero con los pies en la tierra. De estirpe real, viniendo de los dioses del underground caraqueño Sentimiento Muerto, nacen estos semidioses, hijos del cielo, viviendo en una caracas urbana totalmente disuelta en sangre de noche.

Les recomendamos los temas, Sordera y H, dos odas al estilo noventero que se respiraba en aquella atemporal ciudad, con sus temores y sus miserias, con sus virtudes y con sus penumbras, un disco sólido de principio a fin que está rodeado de tragedia divina, de olorosa noche a burdel, con guitarras llevadas al extremo y que provocan sensación de gritar y de querer escapar de una ladilla de ciudad.

Marky les recomienda el álbum definitivo del rock nacional. La violó, La mató y La picó de Dermis Tatu.

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